el efecto halo

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Cuando una buena impresión lo cambia todo

¿Alguna vez has conocido a alguien que, con solo unos minutos de conversación, te pareció encantador, inteligente, responsable y digno de confianza… solo para descubrir más adelante que esa primera impresión no reflejaba toda la realidad?

Si te ha pasado, es muy posible que estuvieras bajo la influencia del efecto halo, un fenómeno psicológico que nos afecta más de lo que creemos en nuestra vida cotidiana.

¿Qué es el efecto halo?

El efecto halo es un sesgo cognitivo que nos lleva a formar una impresión global de una persona a partir de una sola cualidad positiva. Es decir, si detectamos un rasgo que nos gusta (como el atractivo físico, la simpatía, la seguridad al hablar o el estilo personal), tendemos a asumir automáticamente que el resto de características de esa persona también son positivas.

Edward Thorndike, conocido por sus contribuciones en el ámbito de la psicología escolar, acuñó el término «efecto halo» y fue el primero en demostrarlo con evidencia empírica. Describió este fenómeno en su artículo «El error constante en la calificación psicológica».[1]​ En 1920, Thorndike pidió a oficiales que califiquen a sus soldados; encontró algunas correlaciones entre todos los rasgos positivos y negativos. Las personas al parecer no piensan de otras personas en términos variados; sino que nos parece ver a cada persona como más o menos bien o más o menos mal en todas las categorías de medición.

Este efecto ya lo había notado en estudios anteriores, por ejemplo, en 1915 se dio cuenta de que las personas, a la hora de describir rasgos sobre otra persona, estos rasgos están muy correlacionados entre sí: se valoran a las personas con rasgos del mismo nivel, la mayoría son positivos o negativos, en muy pocos casos se daba una combinación de ambos. Fue entonces cuando decidió llevar a cabo un estudio específico sobre este fenómeno ya que constituía un «error constante» a la hora de evaluar a las personas.

¿Cómo nos afecta en el día a día?

El efecto halo está presente en muchísimos contextos, como por ejemplo:

• Relaciones de pareja: Podemos idealizar a alguien solo porque nos atrae físicamente o nos habla con dulzura, pasando por alto comportamientos poco saludables.

• Entornos laborales: En entrevistas de trabajo, una buena presencia o una forma de expresarse segura puede hacer que un candidato parezca más cualificado de lo que realmente es.

• Educación: Un alumno que se muestra educado o simpático puede recibir valoraciones más positivas, aunque su rendimiento académico no sea el mejor.

• Redes sociales: Las personas con una estética cuidada o un estilo carismático pueden ser percibidas como más auténticas o exitosas, aunque no conozcamos nada de su vida real.

¿Por qué ocurre?

Nuestro cerebro busca atajos mentales para procesar la enorme cantidad de información que recibimos a diario. Uno de esos atajos es generalizar: si algo nos gusta, tendemos a extender esa sensación al resto de atributos de la persona. Es una estrategia rápida, pero no siempre precisa.

¿Y en las relaciones?

En el ámbito emocional, el efecto halo puede llevarnos a idealizar a la pareja o a alguien que estamos conociendo, y a justificar actitudes que, en otro contexto, no aceptaríamos. Esto puede impedirnos ver señales de alerta o mantenernos en relaciones poco equilibradas por demasiado tiempo.

Por eso es importante aprender a diferenciar el encanto inicial de la verdadera compatibilidad emocional y de valores.

¿Cómo evitar caer en el efecto halo?

Aunque es difícil eliminar por completo este sesgo (porque forma parte del funcionamiento natural de la mente), sí podemos entrenar nuestra capacidad de observación consciente. Aquí van algunas claves:

• Tómate tiempo para conocer a las personas antes de sacar conclusiones.

• Pregúntate: ¿Estoy valorando a esta persona por lo que realmente es, o por cómo me hizo sentir en un primer momento?

• Observa si tiendes a justificar comportamientos que no encajan con tus valores.

• Trabaja la autoconciencia: cuanto mejor te conozcas, menos necesitarás proyectar expectativas en los demás.

En resumen…

El efecto halo nos recuerda que la primera impresión no siempre cuenta toda la historia. Y aunque todos lo experimentamos, desarrollar una mirada más crítica y pausada puede ayudarnos a elegir mejor, en las relaciones, en el trabajo y en la vida.

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