Dolores Vázquez

By

Cuando la herida no es visible, pero sigue abierta.

Dolores fue juzgada, condenada y encarcelada por un crimen que no cometió. Pasó 519 días en prisión, señalada por la sociedad, cuestionada por los medios y atrapada en una pesadilla construida sin pruebas.

Fue la aparición del verdadero asesino —gracias a una colilla de cigarro— lo que permitió dar un giro al caso. Sin esa casualidad, hoy seguiría en la sombra de una condena injusta.

  • No ha recibido disculpas por parte de las instituciones.
  • No ha sido indemnizada.
  • Y lo más doloroso: aún hay quien duda de su inocencia.

No puedo evitar pensar en el peso emocional de todo esto: la vergüenza impuesta, la desconfianza, el aislamiento, el estigma…

¿Cómo se sigue adelante cuando la sociedad te mira como culpable, incluso después de haber sido exonerada?

No se trata solo de justicia legal. Se trata de reparación emocional, de dignidad, de poder volver a habitar tu vida sin miedo, sin sospechas, sin etiquetas que no te pertenecen.

Dolores merece mucho más que el silencio institucional. Merece verdad, reparación y paz.

Porque la justicia también es humana. Y sanar, a veces, empieza con un perdón.

Posted In ,

Deja un comentario