Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo: avanzar hacia una sociedad neuroinclusiva

Cada 2 de abril conmemoramos el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha proclamada por la ONU para visibilizar la realidad de las personas dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA), promover su inclusión y combatir el estigma que todavía persiste en muchos contextos.
Considero fundamental aprovechar este día para reflexionar sobre cómo acompañamos, comprendemos y construimos entornos seguros para las personas autistas, tanto en el ámbito clínico como educativo, familiar y social.
¿Qué es el autismo?
El TEA no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo que afecta a la forma en que una persona se comunica, se relaciona con los demás y percibe el mundo. Cada persona en el espectro es única: no hay un único modo de ser autista, y las necesidades pueden variar enormemente.
La expresión “si conoces a una persona con autismo, conoces a UNA persona con autismo” es más que una frase: es un recordatorio constante de la importancia de individualizar la mirada, alejarnos de los estereotipos y escuchar activamente.
El desafío de la inclusión
Este año, el lema propuesto por la ONU es “Por una sociedad neuroinclusiva para todos”, un mensaje potente que nos invita a dejar de centrar la intervención únicamente en la “adaptación” de la persona autista, para poner también el foco en la transformación del entorno.
La inclusión real no consiste solo en permitir la presencia, sino en garantizar la participación activa, el respeto por los ritmos propios, la validación emocional y la accesibilidad en todos los niveles.
Como profesionales de la salud, es nuestro deber seguir formándonos, revisar nuestros sesgos, y crear espacios donde el diagnóstico no sea una barrera, sino una puerta hacia una mejor comprensión.
¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar?
• Escuchar: validar las experiencias de vida contadas en primera persona. La voz de las personas autistas adultas es clave para mejorar nuestras intervenciones.
• Formarnos: mantenernos actualizados en modelos centrados en la calidad de vida, como el enfoque de apoyos personalizados o el modelo de neurodiversidad.
• Sensibilizar: compartir información clara y empática en consulta, con las familias y en redes sociales.
• Intervenir con respeto: evitar enfoques que busquen “normalizar” a costa del bienestar, priorizando siempre la autonomía y la dignidad.
Conclusión
Hoy es un buen momento para parar, escuchar y seguir aprendiendo.
Como sociedad, aún tenemos mucho camino por recorrer, pero cada gesto cuenta. La verdadera inclusión empieza cuando dejamos de intentar que las personas encajen y comenzamos a adaptar los espacios para que todas puedan ser ellas mismas.
Que este 2 de abril nos recuerde que la diferencia no es un problema a corregir, sino una realidad a comprender y abrazar.
Deja un comentario