No son los hechos, es cómo los interpretamos.

¿Alguna vez te has sentido mal por algo y, al contarlo, alguien lo ha interpretado de una forma completamente distinta? ¿Y si no era el hecho en sí lo que te hizo sentir mal, sino la forma en que lo interpretaste?
Desde la psicología cognitiva sabemos que no son los acontecimientos los que determinan cómo nos sentimos, sino el significado que les damos. Este enfoque nos abre la puerta a una herramienta muy poderosa para el bienestar emocional: la reestructuración cognitiva.
La interpretación como filtro emocional
Nuestro cerebro interpreta la realidad constantemente. Lo hace de forma automática, basándose en nuestras experiencias previas, creencias, estado de ánimo y aprendizajes.
El problema aparece cuando esos pensamientos automáticos son distorsiones cognitivas: interpretaciones sesgadas, negativas o desproporcionadas que generan malestar innecesario.
Un ejemplo cotidiano: He enviado un mensaje y no me han contestado.
- Interpretación 1: “Está molesto conmigo.” → Ansiedad o culpa
- Interpretación 2: “Pasa de mí.” → Tristeza o rabia
- Interpretación 3: “Estará ocupado.” → Tranquilidad
El hecho es el mismo, pero la emoción cambia radicalmente.
Este simple ejemplo ilustra cómo los pensamientos no son verdades absolutas, sino hipótesis que podemos cuestionar.
¿Qué es la reestructuración cognitiva?
Es una técnica central en la terapia cognitivo-conductual que consiste en identificar, cuestionar y reformular pensamientos disfuncionales.
No se trata de pensar en positivo a toda costa, sino de buscar interpretaciones más realistas, amables y útiles. En definitiva, más saludables.
Este proceso implica:
- Observar nuestras reacciones emocionales
- Preguntarnos: “¿Qué estoy pensando?”
- Detectar distorsiones (catastrofismo, generalización, lectura de mente…)
- Explorar alternativas más equilibradas
Con la práctica, aprendemos a generar pensamientos más flexibles que disminuyen el malestar y mejoran nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
¿Por qué esto importa en nuestra vida diaria?
Porque muchas veces sufrimos más por lo que nos decimos que por lo que realmente ocurre.
Porque aprender a interpretar desde la comprensión y no desde el miedo o la crítica nos permite vivir con más calma, autocompasión y libertad emocional.
Y porque cambiar nuestra forma de pensar sí cambia nuestra forma de sentir.
¿Te gustaría entrenar esta habilidad?
Si quieres acceder a algunos ejercicios prácticos para empezar a trabajar tus pensamientos, puedes escribirme a mapipsicologa@gmail.com y te los enviaré encantada.
Gracias por leer.
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