
Hay momentos que parecen romper el ritmo de todo.
Situaciones que nos descolocan, que nos duelen, que nos enfrentan a emociones para las que no estábamos preparadas. Pueden venir de forma repentina, como un golpe seco, o gestarse poco a poco, hasta que un día ya no podemos más.
Pérdidas, rupturas, enfermedades, cambios que no elegimos, decisiones que pesan.
Etapas en las que lo cotidiano se vuelve cuesta arriba y la energía no alcanza. Y lo más difícil de todo es que, en muchas ocasiones, sentimos que deberíamos estar mejor. Que no es para tanto. Que los demás lo llevan diferente. Y ese juicio interno solo suma más carga a lo que ya estamos viviendo.
Nadie nos prepara del todo para atravesar el dolor
Vivimos en una sociedad que premia el rendimiento, la sonrisa constante y la capacidad de seguir adelante sin que nada se note demasiado. Pero la vida real es otra cosa.
La vida real tiene pausas, tiene lágrimas, tiene momentos en los que solo queremos que el mundo se detenga un rato.
Y eso no nos hace débiles.
Nos hace humanos.
En consulta lo veo a menudo: personas que han aguantado mucho, que han postergado su propio cuidado, que han seguido funcionando mientras todo dentro se caía. A veces lo más valiente no es seguir, sino permitirnos parar.
Sentir no es fallar
En medio de una etapa difícil es fácil caer en la trampa de la autoexigencia.
Pensamos que no deberíamos estar así, que tendríamos que ser más fuertes, que ya va siendo hora de superarlo. Pero la verdad es que cada proceso necesita su tiempo, su ritmo, su forma.
- Sentir tristeza, miedo, rabia o vacío no significa que estés fallando.
- Necesitar ayuda no significa que seas incapaz.
- Estar mal no significa que no vayas a estar bien más adelante.
Lo importante es que no te quedes solo en ese lugar. Que busques apoyos, que te escuches, que te trates con la misma compasión con la que tratarías a alguien que quieres mucho.
Lo difícil también transforma
Aunque ahora no puedas verlo, esta etapa pasará.
Y cuando lo haga, habrás aprendido cosas sobre ti que no imaginabas. Habrás descubierto recursos, habrás soltado partes que ya no necesitabas, habrás dado pasos que tal vez no habrías dado en otro momento.
Las etapas difíciles marcan. Pero también abren.
Nos permiten reenfocar, tomar decisiones, crecer.
Si estás en uno de esos momentos…
Quiero que sepas que no tienes que hacerlo todo solo.
Que pedir ayuda es un acto de cuidado, no de fracaso. Que hablar con una profesional puede ayudarte a ordenar lo que sientes, recuperar energía y encontrar un sentido nuevo a lo que estás viviendo.
En mi consulta trabajo acompañando procesos como este.
Desde la escucha, el respeto, y la convicción de que cada persona merece atravesar su camino con dignidad y sostén.
Si sientes que ha llegado el momento de empezar a cuidar de ti, estaré encantada de acompañarte.
Puedes escribirme directamente desde el formulario de contacto, o reservar una primera cita aquí: www.mapipsicologa.com/contacto
Deja un comentario