
Con el paso del tiempo, muchas parejas atraviesan etapas en las que la intimidad física se va apagando. A veces ocurre poco a poco, casi sin darnos cuenta. Otras veces, un hecho puntual (una crisis, la llegada de hijos, el estrés, la rutina) marca un antes y un después. Y así, lo que antes era natural y frecuente, pasa a ser lejano, incómodo, o incluso inexistente.
Este post no va sobre el sexo en sí, sino sobre algo más básico: el contacto físico, el volver a tocarse.
Porque antes de recuperar el deseo o la pasión, muchas veces hace falta recuperar la conexión corporal sencilla, sin expectativas ni presión. El roce del brazo, un abrazo sin prisa, una mano sobre la pierna, una caricia en la espalda mientras el otro cocina. Gesto a gesto, piel con piel.
Tocarse es una forma de decir: “Estoy aquí. Te siento. Aún somos nosotros.”
Es una manera de reconectar sin necesidad de palabras, de reabrir un canal que quizás lleva tiempo en silencio.
¿Cómo empezar? Pequeños gestos, grandes cambios
No hace falta esperar a que surja “el momento perfecto”. Se trata de crear esos momentos, a través de lo cotidiano. Aquí van algunas ideas para iniciar el contacto físico de forma natural y sin presión:
- 5 minutos de masaje con aceite en las piernas o en los hombros, después de cenar, sin intención sexual, solo para cuidar al otro.
- Acariciarse mientras ven una serie juntos, aunque no hayan tenido contacto en días.
- Un abrazo largo antes de dormir, sin móviles de por medio.
- Aplicarle crema en la espalda después de la ducha o antes de salir de casa.
- Un beso en la nuca mientras el otro prepara el desayuno, algo simple, pero lleno de presencia.
Estos gestos no tienen que “llevar a más”. De hecho, funcionan mejor cuando no se espera nada a cambio. El objetivo es reconectar con el cuerpo del otro desde el cuidado, la ternura y el respeto.
Cosas que SÍ ayudan
- Crear momentos tranquilos, sin pantallas ni distracciones.
- Establecer el contacto de forma natural y breve al principio, para no abrumar.
- Hablarlo si hace falta: “Me gustaría que poco a poco volviéramos a tocarnos, sin presiones.”
- Ser constantes, aunque sea con gestos pequeños.
Cosas que NO conviene forzar
- No tocar esperando que eso termine necesariamente en sexo.
- No presionar al otro si todavía no se siente cómodo.
- No dramatizar si el otro está frío o necesita más tiempo: cada cuerpo y cada proceso es distinto.
- No usar el contacto como “prueba” de amor o deseo: es una herramienta, no un test.
Volver a tocarse no es una meta, es un camino. Puede ser lento, torpe al principio, pero también profundamente sanador.
Porque muchas veces, el cuerpo recuerda antes que la mente.
Deja un comentario