
Para muchas mujeres, el sueño de ser madre empieza mucho antes de un test positivo. Empieza con una ilusión silenciosa, con imaginar nombres, con pensar en cómo sería tener a un bebé en brazos. Pero para algunas, este deseo choca con una realidad que se repite: la dificultad para concebir.
Cada mes se convierte en una montaña rusa emocional.
Durante la espera, crece la esperanza: se cuentan los días, se interpretan cada sensación física, se fantasea con la posibilidad. En el cerebro, la ilusión activa la dopamina (asociada al placer y la motivación) y la oxitocina (vinculada al apego y la conexión emocional).
Pero cuando llega la menstruación, el golpe es doble: físico y emocional. No solo se siente dolor o incomodidad corporal, sino también una caída brusca en el estado de ánimo. El cerebro recibe la señal de que el objetivo no se ha cumplido, la dopamina disminuye y aumenta el cortisol, la hormona del estrés. Esta cascada hormonal puede generar irritabilidad, insomnio, cambios en el apetito y una sensación de agotamiento que no es solo físico, sino también mental.
Este ciclo —ilusión, espera, decepción— puede repetirse mes tras mes, dejando un desgaste emocional profundo. Muchas mujeres sienten tristeza, frustración, ansiedad e incluso culpa, aunque no haya ninguna razón para responsabilizarse. Algunas evitan hablar del tema para no recibir consejos que duelen más que ayudan, y otras se sienten incomprendidas incluso por personas cercanas.
A nivel social, puede haber momentos especialmente difíciles: ver embarazos ajenos, asistir a baby showers, escuchar preguntas como “¿y vosotros para cuándo?”. Estas experiencias pueden aumentar el aislamiento y reforzar la sensación de que “el tiempo se acaba”.
Recomendaciones para transitar este proceso:
- Acompañamiento médico especializado: Consultar a un ginecólogo o especialista en fertilidad para conocer las posibles causas y opciones de tratamiento. Tener información clara disminuye la incertidumbre y la ansiedad.
- Cuidado psicológico: La terapia puede ayudar a regular la respuesta al estrés, manejar la frustración y trabajar pensamientos autocríticos. También es clave aprender a comunicar necesidades y límites a familiares y amistades.
- Evitar la comparación en internet: Leer historias de otras mujeres puede inspirar, pero también generar más presión y tristeza si el proceso es diferente. Cada cuerpo y cada camino son únicos. No te compares.
- Técnicas de regulación emocional: Mindfulness, respiración diafragmática o yoga ayudan a reducir el cortisol y a equilibrar el sistema nervioso.
- Cuidado integral: Mantener hábitos saludables en alimentación, descanso y actividad física. No por la “presión” de aumentar la fertilidad, sino por sostener la energía y el bienestar general.
Si este es tu camino, recuerda que no eres menos mujer ni menos valiosa por lo que estás viviendo. Tu fuerza está en seguir adelante, incluso en los meses en los que sientas que no puedes más. La maternidad tiene muchos caminos, y todos ellos son dignos, reales y profundamente valiosos.
Deja un comentario