
En nuestra vida diaria, todos nos enfrentamos a situaciones inciertas: no saber si un proyecto saldrá bien, si una relación avanzará o si nuestras decisiones serán las “correctas”. Esta incertidumbre genera incomodidad, y muchas personas tratan de aliviarla buscando respuestas rápidas o certezas absolutas. El problema es que, cuando no las encontramos, nuestra mente puede caer en un ciclo de pensamiento negativo automático.
Por qué nos cuesta tanto aceptar la ambigüedad
Nuestro cerebro está diseñado para anticipar peligros y buscar seguridad. En la prehistoria, esta tendencia aumentaba nuestras posibilidades de supervivencia; hoy, sin embargo, puede llevarnos a sobreanalizar cada situación y a buscar explicaciones inmediatas, aunque no sean correctas.
Cuando no toleramos la ambigüedad, cualquier “vacío de información” lo llenamos con interpretaciones negativas:
- “Si no me respondió el mensaje, es que está molesto conmigo.”
- “Si en el trabajo no han comentado nada, es que no valoran lo que hago.”
Este patrón no solo genera ansiedad, sino que también distorsiona la realidad y limita nuestra capacidad de ver otras posibilidades.
La conexión entre ambigüedad y pensamiento negativo automático
El pensamiento negativo automático se alimenta de la necesidad de control. Queremos cerrar cuanto antes cualquier incertidumbre, y lo hacemos llenando los huecos con lo peor que se nos ocurre. Así, en lugar de abrirnos a distintas interpretaciones, nos quedamos atrapados en la más pesimista.
Aprender a tolerar la ambigüedad implica aceptar que no siempre tendremos todas las respuestas de inmediato y que, aun así, podemos seguir adelante sin que nuestra mente se llene de suposiciones dañinas.
Claves para desarrollar esta habilidad
1. Reconoce el malestar sin pelear contra él
Sentir incomodidad ante la incertidumbre es normal. En lugar de intentar eliminarla de inmediato, obsérvala y acéptala como parte natural del proceso.
2. Entrena la mente para generar hipótesis alternativas
Si detectas que has llenado un vacío de información con una interpretación negativa, proponte al menos dos explicaciones alternativas más neutrales o positivas. Esto te obliga a abrir el abanico mental.
3. Reduce la urgencia por obtener respuestas
No todo se resuelve de inmediato. Practicar la paciencia es entrenar la mente para sostener la duda sin que nos paralice.
4. Conecta con el presente
Cuando la incertidumbre te atrape, dedica unos minutos a una actividad que requiera atención plena: caminar, cocinar, hacer ejercicio o escuchar música conscientemente. Esto interrumpe el bucle de pensamientos y devuelve a tu mente un ancla real.
Un cambio que se entrena, no que surge de la noche a la mañana
La tolerancia a la ambigüedad no se logra con un solo ejercicio. Es un hábito que se construye con práctica diaria y con la disposición a aceptar que vivir con preguntas abiertas no es sinónimo de peligro, sino parte natural de la experiencia humana.
Aprender a sostener la incertidumbre con calma te ayudará no solo a frenar el pensamiento negativo automático, sino también a tomar decisiones más claras y conscientes, libres de la presión de la inmediatez.
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