
Hablar del suicidio no provoca que ocurra. Al contrario: abrir espacios de diálogo y escucha puede salvar vidas. En nuestro país, el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en la juventud, por encima de los accidentes de tráfico.
Según los últimos datos oficiales, en 2023 se registraron 4.116 muertes por suicidio en España, lo que supone una media de 11 al día. De ellas, 354 fueron de jóvenes entre 15 y 29 años, y se documentaron también 10 casos en menores de 15 años. Además, se estima que casi el 3 % de adolescentes entre 12 y 16 años intentó suicidarse en el último año, y alrededor de un tercio se autolesionó sin intención de morir.
Son cifras que reflejan una realidad dura: muchos jóvenes conviven con un dolor emocional profundo, a menudo en silencio.
¿Por qué ocurre?
No hay una única causa. El suicidio es un fenómeno complejo en el que confluyen múltiples factores:
- Trastornos de salud mental (ansiedad, depresión, TDAH no diagnosticado).
- Experiencias de acoso escolar o violencia en el entorno.
- Problemas familiares, rupturas o pérdidas significativas.
- Sensación de vacío, falta de sentido vital o aislamiento social.
- Alta autoexigencia, perfeccionismo y presión académica o laboral.
A veces no hay un desencadenante evidente. Por eso es fundamental estar atentos a señales tempranas, incluso si desde fuera la vida de la persona parece estable.
Señales de alerta
Algunos indicios que merecen atención:
- Hablar con frecuencia de la muerte o de “desaparecer”.
- Aislamiento social, pérdida de interés en actividades que antes motivaban.
- Cambios bruscos de conducta, insomnio, irritabilidad o apatía marcada.
- Autolesiones o conductas de riesgo.
- Regalar objetos personales importantes o despedirse de forma implícita.
No todas las señales aparecen siempre, pero cada una es una oportunidad de preguntar, escuchar y acompañar.
Cómo acompañar
- Escucha sin juzgar: mostrar disponibilidad y calma es más importante que dar consejos rápidos.
- Habla con claridad: preguntar directamente por ideas suicidas no “da ideas”; al contrario, abre la puerta a que el otro pueda expresarse.
- No minimizar: frases como “no es para tanto” o “ya se te pasará” invalidan el sufrimiento.
- Ofrece ayuda profesional: un psicólogo o un psiquiatra pueden valorar la situación y ofrecer tratamiento.
- Activa recursos: en España existe la línea 024, gratuita y disponible las 24 horas para crisis suicidas, además del Teléfono de la Esperanza.
Un cambio cultural necesario
El suicidio en jóvenes no es un tabú que debamos seguir escondiendo. Cada vez más profesionales, familias y educadores entendemos que hablar de ello con sensibilidad es una forma de prevención. Los jóvenes necesitan espacios seguros para expresar su malestar sin miedo a ser juzgados, y necesitan adultos que les acompañen desde la escucha y el respeto.
Si eres joven y te reconoces en alguno de estos síntomas, no estás solo. Y si eres adulto, educador, madre, padre o amigo, recuerda que preguntar y escuchar puede ser un primer paso para salvar una vida.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. Y siempre hay salida cuando el dolor se comparte.
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