amar no es un algoritmo

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En consulta, cada vez escucho más a personas —sobre todo adolescentes— que me cuentan que han seguido consejos de la inteligencia artificial para saber cómo actuar con alguien que les gusta. No es raro que acaben decepcionados, confundidos o incluso más inseguros que antes.

Y aquí está el problema: la IA responde con fórmulas generales, pero no conoce tu historia de vida, tus experiencias pasadas, tu manera de vincularte ni tus miedos. No puede ver cómo se te acelera el pulso al hablar de alguien, ni entender de dónde viene esa inseguridad cuando te cuesta mirar a los ojos.

Los vínculos afectivos no son ecuaciones que se resuelvan con una frase “correcta”. Cada persona trae consigo una mochila de experiencias, aprendizajes y heridas. Ahí influyen factores como:

  • El estilo de apego (seguro, ansioso, evitativo…), que marca la forma en que nos acercamos o nos protegemos en las relaciones.
  • La comunicación aprendida en la infancia, que puede favorecer el diálogo o generar bloqueos.
  • Las experiencias previas de amor, amistad o rechazo, que condicionan cómo interpretamos lo que otros hacen o dicen.
  • El momento vital, porque no es lo mismo afrontar una relación en la adolescencia que en la adultez.

Dar un consejo sin tener en cuenta todo esto es como recomendar el mismo medicamento a todos los pacientes sin conocer su diagnóstico ni sus antecedentes.

Los vínculos humanos se construyen desde la historia personal y la capacidad de regular las emociones. Cuando alguien siente miedo al rechazo o ansiedad en el contacto social, lo fundamental no es encontrar la “frase mágica” para gustar, sino aprender a calmar la mente, manejar los pensamientos anticipatorios y relacionarse desde la autenticidad.

No se trata de demonizar la tecnología —puede ser una herramienta interesante para aprender sobre temas generales(historia, ciencia, técnicas de estudio) o para reflexionar mediante ejercicios de escritura y autoexploración—, pero no sustituye la mirada humana, la escucha y la personalización que sí se dan en la terapia.

Lo que funciona en las relaciones humanas no son frases hechas, sino el trabajo profundo con uno mismo: aprender a regular la ansiedad, a comunicar lo que sientes sin miedo, a respetar tus límites y a confiar en que eres digno de ser querido tal como eres.

Por eso, cuando sientas la tentación de pedirle a la IA qué mensaje mandar a alguien que te gusta, recuerda: lo importante no es la frase, sino el proceso de descubrir cómo quieres mostrarte tú en esa relación. Eso, ninguna máquina lo puede decidir por ti.

Si te sientes identificado con esto y crees que necesitas apoyo para relacionarte de manera más sana y auténtica, puedes contactarme. Estaré encantada de escucharte y acompañarte en tu proceso.

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