Dos polos que se desgastan

En muchas relaciones de pareja se repite un patrón emocional que suele pasar inadvertido: el vínculo entre el perseguidor y el evitador. No se trata de “culpables” o “víctimas”, sino de dos estilos de apego que interactúan y, a menudo, se refuerzan mutuamente sin quererlo.
El perseguidor es quien necesita cercanía, contacto y confirmación constante del vínculo. Ante la distancia o el silencio del otro, se activa su ansiedad: busca hablar, aclarar, resolver de inmediato. Lo mueve el miedo a ser ignorado, abandonado o no importante.
El evitador, en cambio, gestiona el malestar retirándose. Necesita espacio, calma, tiempo para procesar lo que siente. Cuando el otro se acerca con intensidad, lo vive como presión o invasión, por lo que tiende a cerrar, callar o desconectarse. Su miedo de fondo no es perder al otro, sino perderse a sí mismo dentro de la relación.
El problema surge cuando ambos patrones se retroalimentan: cuanto más insiste el perseguidor, más se aleja el evitador; y cuanto más se aleja el evitador, más se intensifica la búsqueda del perseguidor.
Así, el vínculo se llena de reproches, malentendidos y frustración, aunque ambos deseen exactamente lo mismo: sentirse seguros y comprendidos.
Romper este ciclo requiere conciencia y responsabilidad emocional. El perseguidor necesita aprender a calmarse antes de buscar contacto, y el evitador, a sostener cierta incomodidad para no desaparecer. Ambos deben reconocer que la intención del otro no es herir, sino protegerse a su manera.
Cuando la pareja logra verse desde esta comprensión, deja de actuar desde la defensa y empieza a vincularse desde la empatía. El objetivo no es cambiar al otro, sino entender el propio patrón y ofrecer una respuesta distinta.
Recomendaciones para transformar la dinámica
Si tiendes a ser perseguidor:
- Aprende a detener la reacción inmediata. Respira, date unos minutos antes de insistir o buscar contacto.
- Recuerda que la distancia del otro no siempre significa desamor.
- Trabaja la seguridad interna: tu valor no depende de la respuesta del otro.
- Expresa tus emociones en primera persona (“me siento”, “me gustaría”), evitando reproches.
Si tiendes a ser evitador:
- Intenta no desaparecer cuando surja el conflicto: comunica que necesitas un tiempo, pero que volverás a hablar.
- Pon un límite claro al silencio: puede ser unos minutos, unas horas o como máximo un día, pero evita que se convierta en días de distancia o evasión.
- Trabaja la tolerancia al contacto emocional; sentirte expuesto no es peligroso.
- Recuerda que tu silencio puede interpretarse como desinterés, aunque no sea tu intención.
- Practica la escucha activa: no tienes que resolver, solo estar presente.
Para ambos:
- La conexión y la autonomía no son opuestas, sino complementarias.
- Pedir ayuda profesional puede ser clave para entender y equilibrar los estilos de apego.
“Cuando dejamos de reaccionar desde el miedo y empezamos a responder desde la calma, la relación deja de ser una lucha y se convierte en un encuentro.”
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