¿Es infidelidad no desvincularse de otras personas al inicio de una relación?

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Cuando dos personas comienzan a conocerse, el vínculo que se crea no suele estar definido desde el primer momento. A diferencia de las relaciones consolidadas, las fases iniciales se caracterizan por la exploración, la observación mutua y la construcción progresiva de confianza. En este contexto, es frecuente que surjan dudas relacionadas con la exclusividad y los límites: ¿qué se espera del otro?, ¿qué implica realmente “empezar algo” con alguien?, ¿cuándo se considera que existe un compromiso?

Es importante entender que la exclusividad no siempre es automática. En muchas ocasiones, no existe un acuerdo explícito sobre el tipo de vínculo que se está formando. Algunas personas interpretan el inicio de una relación como un proceso abierto, mientras que otras asumen implícitamente un grado de compromiso mayor desde los primeros encuentros. Esta diferencia de expectativas es una de las principales fuentes de malestar en las relaciones incipientes.

El conflicto no suele estar tanto en el hecho de mantener otros contactos, sino en la falta de claridad. Cuando una persona actúa como si existiera un acuerdo que no ha sido hablado, o cuando oculta información relevante para sostener una imagen determinada del vínculo, se generan desequilibrios que erosionan la confianza. En este sentido, más que centrarse en etiquetas como “infidelidad”, resulta más útil preguntarse si se están respetando las expectativas compartidas.

La idea de infidelidad está profundamente ligada a la noción de acuerdo. No se trata únicamente de conductas concretas, sino de si estas conductas vulneran lo que ambas partes creen estar construyendo juntas. Cuando no hay una conversación clara sobre el momento relacional, es fácil que una persona sienta decepción o inseguridad, mientras la otra no percibe haber transgredido ningún límite.

Por ello, uno de los pilares de los vínculos sanos es la comunicación temprana. Hablar sobre qué se espera, qué se necesita y en qué punto se encuentra cada uno no implica forzar el compromiso, sino cuidar el proceso. Nombrar el estado de la relación permite reducir suposiciones, prevenir conflictos futuros y crear una base más segura desde la que decidir cómo avanzar.

En definitiva, las relaciones no se construyen desde el control ni desde la vigilancia, sino desde la claridad y el respeto mutuo. Entender que cada vínculo tiene su propio ritmo y que los acuerdos se elaboran, no se adivinan, es una forma de proteger tanto a la relación como a las personas que la conforman.

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