Volver después de parar: por qué descansar también forma parte de cuidarnos

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Hay momentos del año en los que el ritmo cambia. Dejamos algunas obligaciones a un lado, modificamos horarios, viajamos, pasamos más tiempo con las personas que queremos o, simplemente, nos permitimos vivir durante unos días de una manera diferente.

Y a veces es precisamente entonces, cuando disminuye el ruido, cuando nos damos cuenta de lo cansados que estábamos.

No siempre sabemos que necesitamos descansar

Podemos acostumbrarnos a vivir deprisa.

A enlazar una obligación con otra, responder mensajes mientras hacemos otras cosas, anticipar lo siguiente antes de haber terminado lo anterior y convivir con una lista mental de asuntos pendientes que parece no terminar nunca.

Lo curioso es que podemos mantener ese ritmo durante tanto tiempo que llega un momento en el que dejamos de percibirlo como excepcional. Simplemente se convierte en nuestra forma habitual de funcionar.

Hasta que paramos.

Y entonces aparecen el sueño acumulado, el cansancio, las ganas de no hacer nada o incluso cierta dificultad inicial para desconectar.

Porque dejar de trabajar no significa que nuestra cabeza sepa detenerse inmediatamente.

Descansar no es hacer nada

Seguimos viviendo en una sociedad en la que resulta fácil medir el valor de un día por todo lo que hemos conseguido hacer.

Trabajar, resolver, organizar, avanzar, cumplir objetivos…

Por eso, en ocasiones, incluso el descanso termina convertido en otra tarea que debemos hacer correctamente: aprovechar las vacaciones, hacer planes, viajar, disfrutar cada minuto.

Pero descansar también puede ser no tener un plan.

Puede ser dormir un poco más, leer, pasear, conversar sin mirar el reloj, pasar tiempo con quienes queremos o permitirnos una tarde en la que no haya nada que tachar de una lista.

No todo el tiempo tiene que ser productivo para ser valioso.

Y quizá una de las cosas que deberíamos recordar cuando regresamos a nuestra vida cotidiana es precisamente esta:

No deberíamos necesitar llegar completamente agotados para permitirnos parar.

¿Y si no dejamos todo el descanso para las vacaciones?

Quizá esta sea la parte más interesante de volver.

En lugar de pensar únicamente en recuperar cuanto antes el ritmo anterior, podemos preguntarnos:

¿Qué me ha sentado bien durante estos días?

¿Qué estaba necesitando y no me estaba dando?

¿Qué pequeñas cosas podría mantener cuando vuelva la rutina?

No podremos vivir todo el año como si estuviéramos de vacaciones, ni se trata de eso.

Pero quizá sí podamos conservar algunas cosas: proteger determinados momentos, reducir alguna exigencia, recuperar una actividad que disfrutamos, reservar tiempo para las personas importantes o aprender a reconocer antes las señales de cansancio.

Cuidarnos no debería ser algo que hacemos únicamente cuando ya no podemos más.

La vuelta también necesita su tiempo

Después de varios días o semanas con un ritmo diferente es normal que volver cueste un poco.

Puede aparecer pereza, dificultad para concentrarnos, cierta desorganización o incluso tristeza porque termina un periodo que hemos disfrutado.

No necesariamente significa que haya algo mal en nuestra vida o que odiemos nuestro trabajo.

Muchas veces estamos, simplemente, atravesando una transición.

No necesitamos pasar de cero a cien el primer día.

Podemos recuperar horarios, responsabilidades y rutinas progresivamente, reorganizar prioridades y darnos unos días para volver a encontrarnos dentro de nuestra vida cotidiana.

Yo también vuelvo

Estos días yo también regreso a la consulta después de mis vacaciones.

Vuelvo descansada, con energía y con muchas ganas de continuar acompañando los procesos que dejamos en pausa durante estas semanas y de recibir también a quienes decidan comenzar uno nuevo.

La agenda vuelve a estar activa, así que si ya eres paciente y todavía no tienes programada tu próxima sesión, puedes escribirme para reservarla.

Y si llevas un tiempo planteándote comenzar terapia, quizá la vuelta a la rutina pueda ser también un buen momento para preguntarte qué necesitas, qué quieres cambiar o qué te gustaría empezar a cuidar de una manera diferente.

Porque volver no siempre consiste únicamente en retomar lo que dejamos.

A veces también puede ser un buen momento para empezar algo nuevo.

Nos reencontramos en consulta. 💚

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